Estos últimos años hemos vivido una clara transformación en la manera que adquirimos información, generamos conocimiento y lo compartimos con el resto de la ciudadanía. Esto ha sido así por la gran integración de los diferentes dispositivos (smartphones) y canales digitales (redes sociales) en el día a día de la sociedad más desarrollada, provocando una disrupción social que hace años era impensable: el acceso global y la democratización de la información y el conocimiento.

Debido a este importante cambio, desde hace un tiempo es sabido que los usuarios de internet utilizan los medios sociales para consumir información y discutir diferentes temas de interés, incluyendo el cuidado de la salud. Además, los profesionales de la salud hemos comenzado a utilizar este nuevo mundo digital para adquirir y compartir conocimiento con otros compañeros, e incluso para promover comportamientos saludables y educar en salud a los pacientes y la sociedad.

En la situación de emergencia sanitaria y social que vivimos actualmente debido al virus SARS-CoV-2, hemos podido observar las dos caras de los canales digitales

👍 La gran generosidad que se respira en la red, la cual se traduce en una gran comunidad científica y sanitaria compartiendo su conocimiento y traspasando las barreras físicas de la investigación, la divulgación científica, los eventos sanitarios , jornadas formativas, etc.

👎 La desinformación, bulos y noticias falsas que han inundado internet desde los primeros casos de COVID-19.

Esta dualidad de las redes sociales no es un nuevo descubrimiento. De hecho es un poder intrínseco a su funcionamiento, ya que su propia capacidad para difundir y globalizar el conocimiento científico es la misma que se usa para expandir información falsa o rumores.

Tanto ha sido la importancia de los bulos y “fake news” en el caso de la pandemia COVID-19, que expertos en comunicación sanitaria han manifestado que los bulos sobre COVID-19 viajan más rápido que el propio virus (Carlos Mateos, coordinador del proyecto Salud Sin Bulos).

En esta píldora digital nos adentramos en uno de los lados más oscuros de las redes sociales para mostraros la importancia de que la sociedad tenga una correcta alfabetización digital en salud y sentido crítico en internet, para así poder combatir la desinformación en estos tiempos de COVID-19

Infoxicación y COVID-19

En las últimas semanas hemos sido testigos del gran volumen de estudios e investigaciones que son publicadas sobre COVID-19 (más de 17.000 entradas sólo en PubMed). Este nuevo conocimiento científico se va generando en tiempo real y fluye libremente en los medios digitales como nunca antes habíamos visto, siendo destacable en este aspecto el compromiso de colaboración y transparencia de los científicos y equipos investigadores. Por el lado opuesto, se han viralizado como nunca en los medios digitales los resultados preliminares de artículos científicos (los famosos “preprints“, que son investigaciones que se publican en repositorios digitales de forma provisional antes de su publicación e indexación oficial (incluso en muchos casos puede que estos trabajos sean rechazados o sean retractados, como ha ocurrido recientemente con el caso “Surgisphere“).

Resultados en PubMed a la búsqueda covid-19 or sars-cov-2 OR “COVID 19” OR COVID19

Sabemos que fuentes como PubMed son bastante fiables porque sus publicaciones incluyen mayoritariamente un proceso de revisión por pares, pero en internet muchas fuentes no tiene filtro y existe información incorrecta, sesgada o directamente falsa, que, de forma intencionada o no circula de manera masiva generando desinformación o incluso alarmismo. Es sabido que esta información es recibida, leída y compartida fácilmente por los usuarios de internet, pudiéndose viralizar fácilmente incluso más que aquella información verídica, fiable, rigurosa y con respaldo científico.

Tanto es así, que un estudio publicado en la prestigiosa revista Science (1) Vosoughi et al, afirman que la información falsa es capaz de extenderse seis veces más rápido que la historia real y tiene un 70% más de probabilidades de ser retuiteada.

Influencers en salud: ¿Oportunidad o Riesgo?

En este nuevo entorno digital es preciso mencionar aquellos individuos, que gozan de mucha popularidad, que son muy activos en la red y que tienen la capacidad de influir en las opiniones de su comunidad. En este contexto en los últimos años han surgido en las redes sociales los llamados influencers, auténticos maestros de la comunicación digital, capaces de persuadir a sus seguidores ya que suelen poseer habilidades como la simpatía, la cercanía, la familiaridad, la confiabilidad o la experiencia. Son usuarios habituales de las redes sociales y utilizan la narración tanto visual como textual de su vida y opiniones. Es tal su liderazgo de opinión que son capaces de viralizar cualquier información en las redes. Tambien podemos considerar influencers a aquellos personajes públicos o famosos que son seguidos en canales digitales por miles (o millones) de personas, creando comunidades de interacción social enormes a su alrededor.
Tanto es así, que investigadores de la universidad de Oxford aseguran que a pesar de que sólo un 20% de la desinformación difundida por el coronavirus procede de influencers, políticos o famosos (n=225), ésta supuso el 69% de la interacción en línea con respecto a otras noticias (n=145).

Whatsapp como plataforma de bulos por excelencia.

Sin duda alguna, los canales digitales donde se propagan más frecuentemente y rápidamente la mayoría de bulos son las aplicaciones de mensajería instantánea, y concretamente en nuestro entorno, Whatsapp.

El 80% de los españoles con smartphone utilizan las aplicaciones de mensajería instantánea a diario y dentro de estos, el 93% (9 de cada 10 españoles) usan Whatsapp.

Durante los últimos meses hemos sido testigos del envío masivo de vídeos, imágenes, audios y textos en relación al COVID-19 reenviados por amigos, compañeros o familiares sin saber que estaban siendo engañados.

Según un estudio de JMIR que analizó los tuits publicados tras la instauración de la pandemia por COVID-19 encontró que el tema con mayor impacto social era el origen del coronavirus. Si recordamos el inicio de esta pandemia, una de las grandes dudas vertidas en los diferentes medios informativos y canales digitales era la siguiente pregunta: ¿De dónde viene este nuevo coronavirus? 

En la imagen inferior os mostramos un ejemplo real de un bulo sobre este tema en concreto recibido a través de Whatsapp.

Tanto es así, que a pesar de que Whatsapp haya limitado el reenvío de algunos mensajes sospechosos a un solo chat (identificados con una flecha doble), se siguen dando casos flagrantes de bulos, a través de la aplicación.

Alfabetización digital en salud como herramienta antibulos

En este escenario que vivimos de sobreinformación e intoxicación informativa, las más vulnerables de sufrir la desinformación son aquellas personas con baja alfabetización digital en salud, ya que pueden ser incapaces de procesar y valorar críticamente la información y por tanto acabarán difundiendo en su entorno digital estas noticias sin rigor científico. Ya sea por falta de conocimiento, capacidad crítica o por falta de herramientas para comprobar la veracidad de las mismas.

Ésta, conjuntamente con la funcionalidades técnicas de las apps de mensajería (reenviar), es la clave de la propagación online de la desinformación y noticias falsas.

El resultado de esta combinación explosiva es un riesgo perjudicial para la salud individual, colectiva y el bienestar social, es decir hablamos de un problema real y de salud pública.

Talwar et al (2) establecieron una hipótesis de cuáles pueden ser los aspectos que pueden influir a la hora de compartir finalmente una noticia.

Las características que pueden volvernos más vulnerables a ser  incapaces de ser crítico, a no mantener la calma, no contrastar la veracidad de los hechos y finalmente a compartir la noticia son las siguientes:

  1. Es menos probable ser crítico con la información que apoya nuestras creencias o comunidad. 
  2. Sobrecarga de información.
  3. Cansancio.
  4. Sentimientos negativos como la preocupación, la ira, el enfado, la incertidumbre o el pánico. 
  5. Exposición continua a noticias impactantes/alarmantes.

COVID-19: El caldo de cultivo perfecto para los bulos en internet

Cuando sufrimos de forma global un acontecimiento negativo nunca antes visto, el conocimiento requerido para afrontarlo debe generarse sobre la marcha, y por tanto el grado de incertidumbre sobre como solucionarlo es muy alto. Por ello, en esta pandemia COVID-19, la altísima demanda de información online sobre el origen, transmisión y tratamiento del virus SARS-CoV-2 ha facilitado que se expanda como nunca antes habíamos visto la información, incluyendo el alcance de los bulos y las fake news.

Por lo tanto, al ver cualquier noticia deberíamos tener en cuenta 6 acciones importantes: la primera, no compartas inmediatamente solo al leer el titular; la segunda “es falso hasta que se demuestre lo contrario” debes comprobar la veracidad de los hechos; la tercera, no te dejes llevar por el momento o las emociones, cuarta siempre comprueba el contenido de la noticia, busca las referencias de aquello que afirma, quién/nes son los autores, etc. Quinta: sé crítico…y finalmente si es falso, no te olvides de denunciarlo siempre.

En la red existen iniciativas para frenar o desmentir la desinformación sobre salud, como Salud Sin Bulos, los cuales también han creado un apartado especial coronavirus en su web, han elaborado un informe titulado “Bulos sobre coronavirus 2020”.

En esta crisis sanitaria y social uno de los grandes retos y oportunidades es el control del flujo de información circulante, pues ha sido difícil para los gobiernos,  los motores de búsqueda como Google o los canales digitales como Youtube controlar la calidad y el flujo de información relativa a la pandemia. 

Un estudio de Cuan-Baltazar et al analizó al inicio de la pandemia la calidad de la información sanitaria de las 110 primeras páginas webs de Google,utilizando para ello diferentes herramientas validadas: HONcode, JAMA Benchmarks, DISCERN Instrument y Google Rank.

Solo 2 sitios web tenían el código HONcode, 11 sitios obtuvieron el máximo grado de calidad por JAMA Benchmarks, y ninguna alcanzó la puntuación máxima con el DISCERN Instrument. En relación a Google Rank no había una relación directa entre la posición en el ranking de Google y la calidad del contenido del sitio.

A pesar de que necesitaríamos un estudio actual para valorar adecuadamente como es la calidad de la información sobre COVID-19. Este estudio nos deja un mensaje claro, el exceso de información de mala calidad sin apoyo científico publicado en los canales digitales al inicio de la propagación de un virus totalmente desconocido catalizó, la propagación de un estado de alarma, pánico y desinformación entre los ciudadanos a nivel mundial. 

La Comisión Europea ha tomado asunto en este problema de salud y a continuación te presentamos que 5 acciones están realizando:

9 Recursos digitales para que no te la cuelen…

A continuación puedes consultar 9 recursos imprescindibles para evitar que ta la cuelen

  1. Comprobar si un post en Facebook o Instagram está siendo pagado para que se difunda.
  2. Datos sobre cuentas en Youtube, Instagram o Twitter: Socialblade.
  3. Comprobar la posibilidad de que una cuenta de Twitter sea un Bot: Botometer.
  4. Herramienta para comprobar la veracidad de las cuentas cuando un #Hashtag empieza a circular.
  5. Verficar imagenes recibidas vía Whatssap: Tineye.
  6. Verificador de videos.
  7. Herramienta para conocer los entresijos de una web dudosa.
  8. Consulta de  cuentas de profesionales que desmienten noticias falsas en las RRSS.
  9. Buscador de “noticias Fake”.

Conclusiones

En definitiva, es evidente que el uso de Internet trae consigo beneficios implícitos como la democratización a la información y compartir el conocimiento. Sin embargo, los canales digitales han acelerado la propagación de desinformación y bulos entre los ciudadanos, que en el caso de la información sanitaria puede afectar negativamente a la salud de la población y ocasionar problemas serios de salud pública.

Esto ha quedado claramente en evidencia durante el transcurso de la pandemia del COVID-19, al igual que la necesidad de mejora de la alfabetización digital en salud de los usuarios de internet.

Por todo ello hoy más que nunca vemos necesario dos acciones:

1. Establecer unos principios éticos, estrategias gubernamentales y buenas prácticas contra la desinformación que permitan clasificar la calidad de la información indexada en la web por los motores de búsqueda más usados.

2. Adquisición por parte de los profesionales sanitarios las competencias digitales en este nuevo mundo digital, pues dicha capacitación permitirá diseñar estrategias digitales que permitirán educar, alfabetizar y dotar de herramientas a los ciudadanos para que puedan ser capaces de interpretar de manera adecuada la información y de esta manera frenar la verdadera epidemia del siglo XXI, la desinformación.

Si te interesa este tema puedes comentarnos lo que te parece en Twitter, nuestro grupo de Facebook o debajo de esta misma página.

Nos despedimos con algunos de los tuits más relevantes del Tweetchat #DesescaldaSINbulos, celebrado el pasado 3 de Junio, donde tuvimos la oportunidad de responder las preguntas de tuiter@s interesados en los bulos y fakenews sobre COVID-19.

BIBLIOGRAFÍA

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